¿QUÉ ES MEJOR, UN MAL ACUERDO O UNA “BUENA GUERRA”?

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Aunque hoy por hoy no se vislumbran perspectivas de paz en el horizonte, la comunidad internacional debe ir estableciendo un marco de posibles condiciones para un acuerdo de paz

Resumen ejecutivo

  • La guerra en Ucrania es el epicentro de un tsunami de pobreza, cuyo efecto dominó alcanzará a cientos de millones de personas en los próximos meses
  • Tras seis meses de guerra, la perspectiva de un acuerdo de paz parece cada día más lejana
  • La humanidad no puede permitirse hoy la belicosidad y agresividad que con demasiada frecuencia vemos en muchos líderes mundiales

Las guerras nos cuestan muy caras

En mi anterior post hablé sobre #1. LAS GUERRAS INTERMINABLES DE ÁFRICA.  Sin embargo, en el debate online que siguió con mi (¡pequeña pero creciente!) comunidad de lectores, la guerra en Ucrania fue un tema que surgió incesantemente. Así que, excepcionalmente, vamos a hacer hoy una pequeña incursión en esta guerra, que además nos es especialmente cercana.

La guerra de Ucrania se parece a todas las guerras en que no sólo destruye cruelmente decenas de miles de vidas humanas, sino en que también es el epicentro de un verdadero tsunami de miseria, cuya onda expansiva alcanzará a cientos de millones de personas en los próximos meses. 

Millones se encuentran ya desplazados de sus hogares y medios de subsistencia, y el efecto dominó alcanzará a cientos de millones más a través de la desestabilización de la economía mundial y la ya visible crisis alimentaria.

En la exhaustiva revisión de Brigitte Rohwerder sobre “El impacto de los conflictos en la pobreza”, podemos ver cómo los conflictos violentos contribuyen a la pobreza mediante: 

  • Destrucción o daño de las infraestructuras, las instituciones, la producción y el comercio.
  • Desintegración de familias, comunidades y redes sociales
  • Desplazamientos forzados
  • Aumento del desempleo y la inflación
  • Cambios en el acceso y la relación con los mercados locales de intercambio, empleo, crédito y seguros
  • Caída del gasto en servicios sociales
  • Muertes y lesiones graves en toda la población

En la misma línea, el Institute for Economics & Peace descubrió que los 10 países más afectados por conflictos perdieron, de media, el 41% de su producción económica como consecuencia de la violencia. 

Según un informe del Banco Mundial que se remonta a 2011, en promedio, un país que experimentó violencia grave durante el período de 1981 a 2005 tuvo una tasa de pobreza 21% más alta que un país que no sufrió violencia. En el momento en que se redactó el informe, ningún país afectado por conflictos había logrado alcanzar un solo ODM (Objetivos de Desarrollo del Milenio).

Desde la Primera Guerra Mundial abundan los estudios que analizan el coste económico de la guerra, pero es difícil calcular los costes y pérdidas indirectos, los costes lejanos y futuros y los costes de oportunidad y las consecuencias de segundo orden. En nuestra economía global, cada vez más interconectada e interdependiente, el impacto de las guerras locales se deja sentir inmediatamente incluso a grandes distancias. 

Todos los seres humanos del planeta están sintiendo ya los efectos económicos de la guerra en Ucrania y, como siempre, las poblaciones más vulnerables son las que más sufren. 

Por ejemplo, es bien sabido que los problemas de producción y distribución de cereales, aceite de girasol, fertilizantes, etc. en Ucrania están provocando crisis alimentarias en países del norte de África y Asia.

Para hacerse una idea de la importancia de los agricultores ucranianos y rusos para el resto del mundo, hay que saber cuánto exportan y a dónde. El gráfico de la izquierda muestra la dependencia alimentaria de algunos de estos países (en relación con el trigo en 2019, pero extrapolable a otros cereales e importaciones de alimentos en la actualidad). El gráfico de la derecha muestra las exportaciones de Rusia y Ucrania en 2020.

Imagen que contiene Interfaz de usuario gráfica

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 Fuente: Observatory of Economic Complexity, International Trade Center

Además, las guerras tienen un coste de oportunidad, que es el coste de desviar recursos públicos a actividades militares, que podrían dedicarse a inversiones económicamente productivas, servicios sociales o lucha contra la pobreza. Paradójicamente, el coste de la reducción de la pobreza y el gasto social de los países es relativamente bajo en comparación con el elevado coste de la guerra, como explica Oberman en “Guerra y pobreza”. 

Por ejemplo, el gobierno estadounidense calcula que gastó 444.000 millones de dólares en la guerra de Afganistán y 806.000 millones en la de Irak entre 2001 y 2009. ¿Qué impacto tendría esta cantidad de dinero en los programas de desarrollo o de lucha contra la pobreza?

Una persona haciendo gestos con la boca abierta

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 Las poblaciones más vulnerables son las que más sufren las guerras: ancianos, viudas, huérfanos, discapacitados, menos instruidos, pobres… Fotografía: Anadolu Agenay / Getty Images vía New York Times.

Guerras justas

El título de este post es una variación del viejo refrán “más vale un mal acuerdo que un buen pleito”. Esto subraya la idea de que, por lo general, es mejor llegar a un acuerdo -aunque no sea realmente ventajoso- y evitar un pleito, teniendo en cuenta los costes y el resultado incierto de éste. En otras palabras, llegado el momento, a menudo es mejor hacer algunas concesiones (un mal acuerdo), que continuar una guerra en la que el derecho a luchar puede considerarse internacionalmente justo, pero también extremadamente costoso y largo (un “buen” pleito).

Queridos amigos, no me confundáis con un pacifista radical. No creo que haya que llegar a un acuerdo a cualquier precio. Tras la agresión de Rusia, Ucrania no tiene otra opción que utilizar todos los medios disponibles para intentar ganar esta guerra en defensa propia. Es el último recurso ante la obsesión de Rusia de acabar con el estatus independiente de Ucrania. Sin duda, casi todo el mundo reconoce el derecho de Ucrania a continuar la lucha.

¿Y la parte rusa?

Al principio, Rusia justificó su “operación especial” reivindicando una causa justa: la liberación de los ciudadanos prorrusos de las regiones de Donetsk y Luhansk de las supuestas violaciones de los derechos humanos perpetradas contra “su” población por Ucrania. Sin embargo, Rusia extendió rápidamente sus objetivos a Ucrania en su conjunto, argumentando que: 

  • Todo el país forma parte históricamente del territorio ruso que les fue arrebatado
  • Están respondiendo a una amenaza existencial ante la expansión de la OTAN

Aquí, Rusia parece estar violando una condición clásica de lo que constituye una guerra justa: la recta intención. 

Defender a los ciudadanos prorrusos, negar el estatus internacionalmente reconocido de Ucrania como país independiente o defenderse de una posible amenaza occidental son excusas que ocultan sus verdaderos objetivos:

  • Ampliar el territorio ruso mediante la anexión de las regiones de Donetsk y Luhansk.
  • Obligar a Ucrania a volver al redil del imperio ruso
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 En una línea similar, Rusia no parece haber cumplido con la condición de último recurso, que establece que no hay otro método menos dañino para lograr la causa. Claramente, se trata de una guerra premeditada, cuyo inicio se remonta a la revolución de Maidan en 2014. Rusia decidió que los medios militares eran los únicos posibles, descartando rápidamente las alternativas.

Por todas estas razones, está claro que iniciar un acto de agresión es injusto y da al país agredido una razón justa para defenderse.

Las condiciones para un acuerdo

No hay duda de que la guerra en Ucrania no debería haber empezado nunca. La posibilidad de un acuerdo era difícil, pero cada vez lo es más a medida que avanza la guerra.

Cada pocos días cambia el curso de la guerra: ahora Ucrania parece estar recuperando terreno. Por el momento, ninguna de las partes quiere detener la guerra. Ambas partes están lejos de sus objetivos. Cada bando busca poder negociar desde una posición de fuerza, y esa necesidad les empuja a seguir luchando.

¿Cuál es la situación actual?

Tras varios meses de muerte y destrucción -donde decenas de miles de ciudadanos murieron o quedaron mutilados (en ambos bandos)- y regiones enteras destruidas, las posibilidades de alcanzar un acuerdo de paz no han mejorado. 

Las fuerzas rusas se encuentran atrincheradas en territorio ucraniano y los ucranianos simplemente no están dispuestos a renunciar a una parte importante de su soberanía. El mensaje es bastante claro: la rendición no es una opción.

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 Ucrania recuperó territorio la semana pasada (en azul)

¿Qué apoyo externo tiene cada bando?

Los apoyos que tiene Rusia son más de boquilla que de hecho, y en general lo son por pertenecer al selecto club de las autocracias (¡perdón por el sarcasmo!), definido por el viejo adagio “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”. Un club de opositores a la democracia liberal occidental.

Parece difícil que estos países vayan más allá del apoyo retórico y se impliquen más en esta guerra.  Además, dudo que aliados vecinos como China respalden en absoluto la obsesión imperial de Putin.

Muchos otros países se muestran indiferentes -consideran que esta guerra no es asunto suyo- y no están dispuestos a apoyar sanciones contra Rusia que perjudicarían a su propia economía.

Además, existen países -y también muchas personas en los países ricos- para quienes “Rusia sigue siendo vista como un campeón de los oprimidos contra el estereotipo del imperialismo estadounidense” (Hill y Stent en “El mundo que quiere Putin”).

La desconfianza de muchos hacia el dominio estadounidense parece justificada. Es cierto que los países occidentales han cometido en las últimas décadas agresiones tan graves como la de Rusia contra Ucrania. Pero esta es otra historia, que quizá contemos otro día.

El apoyo de las democracias occidentales a Ucrania es más tangible -en forma de armas y otros suministros-, pero es necesariamente limitado. Hoy no estaría justificado que un conflicto de este tipo se extendiera físicamente a otros países, con el riesgo de una guerra a mayor escala, europea o mundial

Los ucranianos tienen que entender que las democracias occidentales no pueden implicarse directamente en una guerra por un conflicto fronterizo entre Rusia y Ucrania, ni, por desgracia, defender la incipiente democracia en Ucrania, un país que hasta ahora no ha sido miembro de sus clubes.

¿Qué posibilidades hay ahora de un acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania?

Las perspectivas parecen nulas y, sin embargo, nadie puede dudar de que un día, en semanas, meses o años, la guerra terminará inevitablemente, probablemente mediante algún tipo de acuerdo, y mientras tanto continuarán las matanzas, las mutilaciones, las torturas, las violaciones, el destierro de poblaciones enteras de sus hogares y propiedades: muerte, destrucción y miseria

Cada parte está asumiendo riesgos: acordar la paz ahora o verse obligada a firmar un futuro acuerdo de paz después de haber perdido mucho más y en peores condiciones.

Incluso si aceptáramos que ambos bandos consideran que su guerra es una guerra justa, no cabe duda de que para ambos un mal acuerdo de paz siempre es mejor que una “buena” guerra. No hay nada peor que la guerra. 

Pero para establecer las condiciones de la paz, primero hay que plantear/responder una serie de preguntas:

  • Para Ucrania, cualquier acuerdo que no incluya el regreso a las fronteras anteriores a la invasión es imposible, pero también parece imposible hacer retroceder a Rusia hasta esas fronteras, y mucho menos recuperar Crimea. ¿Se verán obligados los ucranianos en el futuro a ceder territorios a cambio de un acuerdo de paz? En caso afirmativo, ¿qué territorios?
  • Nadie sabe cuáles son las condiciones de Rusia para un acuerdo de paz, quizás hoy sólo piensen en la rendición incondicional de Ucrania. Obviamente, no renunciarán a su primer objetivo: anexionarse las zonas ya ocupadas por los rebeldes prorrusos antes de la invasión del 24 de febrero… y Crimea. Pero, ¿renunciarían al resto del territorio ocupado?
  • El segundo objetivo de Rusia era devolver a Ucrania a su órbita de poder, donde ahora encaja Bielorrusia. ¿Aceptaría Rusia una Ucrania independiente y democrática, pero no alineada, fuera de la OTAN, en el marco de un acuerdo de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) que ofrezca estabilidad a Rusia y evite futuros conflictos?
  • ¿Puede Ucrania soportar una guerra de larga duración? No depende de ellos, sino de la paciencia de sus amigos los países democráticos, y de los sacrificios que los votantes/ciudadanos de estos países estén dispuestos a aceptar.
  • ¿Puede Rusia soportar una guerra de larga duración? Yo creo que no. Los sacrificios que supondría para los ciudadanos rusos pasarían factura más pronto que tarde. La capacidad militar depende, sobre todo, de la capacidad económica y, en este sentido, Rusia es actualmente un país mediocre, con un PIB que ocupa el 11º lugar en el mundo, por detrás de Italia, Canadá y Corea del Sur.
  • ¿Aceptará Rusia en algún momento que su poder ha disminuido, que no es la Rusia imperial ni la Unión Soviética, y que debe integrarse en la comunidad de los países del mundo como uno más, aceptando las normas internacionales o promoviendo su reforma pacíficamente si no está de acuerdo? (Perdón, he colado aquí esta pregunta ingenua).

La paz no va a llegar mañana, pero la comunidad internacional debería poner en marcha su maquinaria diplomática más pronto que tarde y crear una conferencia de paz que considere todas estas y otras cuestiones, en la que participen al menos los países más cercanos al conflicto (es decir, China, Estados Unidos, Unión Europea, Turquía, etc.).

En los tiempos que corren, la humanidad no puede tolerar ni permitirse el belicismo, el matonismo, la agresividad y la chulería de sus dirigentes mundiales. La Tierra y la humanidad se enfrentan actualmente a problemas globales muy graves, casi existenciales, como el cambio climático. Pero la guerra ha paralizado los avances en esta cuestión como en muchas otras, incluida la lucha contra la pobreza.

La paz es una condición sine qua non para todo. 

LA PAZ ES HOY LA PRIORIDAD.

Fernando GM